Hay una relación muy estrecha entre
el desarrollo emocional y el desarrollo cognitivo (Piaget, 1954; Bisquerra,
2013). En la teoría del aprendizaje de David Ausubel, para desarrollar un
aprendizaje significativo es necesario generar una componente emocional previa
“la motivación”, que da significado y
sentido a aquello que aprendemos. En este sentido, el aprendizaje no solo tiene una componente
cognitiva, sino que para desarrollarse requiere de una componente emocional.
Las investigaciones de Richard Davidson (2013) y Daniel Goleman
(1995) sobre el impacto que tiene el desarrollo de las competencias emocionales
en la persona, va más allá de la adquisición de conocimientos y habilidades
intelectuales, o la motivación para favorecer el aprendizaje. Sino que, la
podemos vincular a desarrollar habilidades y dimensiones socioemocionales
intrapersonales e interpersonales, desde la concepción de la misma persona (su
valoración de si, autoestima) hasta la manera de relacionarse con los demás. De acuerdo a Daniel Goleman, para fomentar la
cooperación, la compasión y el altruismo
se requiere desarrollar nuestras habilidades emocionales, ya que aprender a
relacionarme mejor conmigo mismo puede ayudar a relacionarme mejor con los demás. Al
aprender el valor que tengo como ser humano, me permite valorar al otro y darme
cuenta, que mi definición como persona se constituye incluyendo a los demás. En consecuencia, al desarrollar habilidades
emocionales en la escuela, los alumnos pueden generan un espacio de convivencia
inclusivo.
Para Humberto Maturana, la educación es enseñarle a la persona como moverse en el mundo a través de ir
conociendo el mundo. Hemos inventado teorías para justificar lo que hacemos, en
muchas ocasiones hemos generados espacios de discriminación y
desconfianza. La discriminación es desconfianza sobre la legitimidad del otro,
como desconfío de su legitimidad entonces lo separo, lo niego, lo someto, tanto
desconfío de que tengo miedo y hago todo un sistema (social, cultural, legal,
político, educativo) que justifica la discriminación. La educación emocional
nos permite conocer, regular y gestionar nuestros miedos y desconfianzas, y da
oportunidad para redescubrir ese conversar (“dar vueltas juntos”) que nos construye y nos humaniza.
La educación inclusiva es un modelo
pedagógico que busca atender las necesidades de aprendizaje de todos los niños,
jóvenes y adultos con especial énfasis en aquellos que son vulnerables a la
marginalidad y la exclusión social. La educación inclusiva es una nueva manera
de entender la riqueza de la diversidad en el salón de clase.
Desde esta perspectiva, la
inclusión implica la diversidad; la diversidad de ideas y maneras de pensar, de
creer, de sentir, amar, de ser; la diversidad es la complejidad en las maneras
de ser de la persona, de aceptar y respetar, de incluir a quien tiene
ideologías diferentes, creencias religiosas distintas, quien desarrolla otras
maneras de ser y de alcanzar su bienestar, la inclusión de quienes tienen
culturas distintas, géneros y sexualidades diferentes y las diversas maneras de
construcción del ser humano, discapacidades motoras o cognitivas, quienes son
vulnerables o no han tenido acceso a la educación.
La educación debe ser para todos, como derecho humano de todas las personas
y el salón de clase debe ser un espacio de respeto, de libertad y de
auto-realización. Para el psicólogo Carl Rogers, la educación debe
potencializar las habilidades y conocimientos de los alumnos en un espacio de
libertad y creatividad. Así, la educación no busca hacer a los alumnos iguales,
sino cada uno distinto y en esa diversidad encuentra su riqueza.
Uno de los principales retos de la
educación y sociedad es desarrollar la empatía. Para Daniel Goleman (1995), hay tres tipos de empatía: la empatía
cognitiva o intelectual (cuando las ideas de una persona o grupo de personas
son semejantes o coincidentes), la empatía afectiva (cuando las emociones o
sentimientos de otras personas influyen y afectan a nuestra persona), y la
empatía social (cuando sentimos-valoramos a la persona por su condición humana).
La empatía social es una empatía necesaria en nuestra sociedad, la asignación
de valor de la condición humana sobre cualquier cosa. Esta propuesta de Daniel
Goleman es coincidente con las conclusiones de diversas investigaciones de
Laurie Santos que ha identificado una relación de correlación positiva entre la
condición de bienestar y realizar la práctica de la gratitud y acciones en
favor de los demás. Una propuesta semejante, aparece desde la filosofía de la
educación de Bernard Lonergan cuando propone la necesidad de que la educación
tenga como meta el bien humano, el bien de hacer el bien para los demás, y que, al hacerlo, lo hace para uno mismo.
Edgar Morín (2000) describe siete
saberes esenciales para la educación: saber sobre el conocimiento, un saber
pertinente, conocer la condición humana, conocer la identidad terrenal, educar
para la incertidumbre, enseñar para la comprensión y la convivencia, y
desarrollar una ética planetaria. Para E. Morín, la enseñanza debe estar
orientada hacia la comprensión (misma que se puede alcanzar a través del
pensamiento complejo), la comprensión intelectual compuesta por la adquisición
de conocimientos y desarrollo de habilidades, y la comprensión humana que se refiere al entendimiento y valoración
de la condición humana; una educación que busca la solidaridad, la paz y el
bienestar, como el mismo Jean Piaget lo propuso en “ ¿A dónde va la educación” (1972)?
Esta manera de ver al salón de clase como un espacio libre y un
ambiente de convivencia sana y pacifica requiere de la transformación de las
maestras y maestros, de asumir la responsabilidad social, moral y ética de
nuestra labor docente como centro de la transformación social (en el sentido
que ha dicho Paulo Freire), la educación como un medio para liberar al ser
humano. Ya que al enseñar, no solamente construimos situaciones de aprendizaje
donde se adquiere conocimiento y desarrollan habilidades, sino que nuestra
actitud, nuestra personalidad influye en nuestros alumnos, mostramos una manera
de vivir y de ser, es un ejercicio de poder y una oportunidad de mostrar a
nuestros estudiantes que podemos construir una sociedad inclusiva, con respeto
a la diversidad cultural y en un ambiente de convivencia sana y pacífica, una
cultura con pleno ejercicio de la libertad
y respeto a los derechos humanos de cada persona.
El
desarrollo de la educación emocional en el ser humano es un elemento
fundamental para construir una sociedad más inclusiva, justa y humana.
Jesús Castañeda Rivera
22 de marzo de 2023