lunes, 14 de septiembre de 2020

LAS EMOCIONES Y EL APRENDIZAJE

 

 LAS EMOCIONES Y EL APRENDIZAJE


La emoción es un componente complejo de la psicología humana. Se conforma de elementos fisiológicos que se expresan de forma instintiva y de aspectos cognitivos y socioculturales conscientes e inconscientes, lo que implica que las emociones, especialmente las secundarias (o los sentimientos), también son aprendidas y moduladas por el entorno sociocultural y guardan una relación de pertinencia con el contexto en el que se expresan. Su función principal es causar en nuestro organismo una respuesta adaptativa, ya sea través de sensaciones de rechazo o huida, o bien de acercamiento y aceptación. Las emociones se pueden clasificar en emociones básicas de respuesta instintiva como la ira, la alegría, la tristeza, el miedo, el asco o la sorpresa, y en emociones secundarias o sentimientos que conllevan un componente cognitivo y cultural que complejiza su expresión y entendimiento como por ejemplo la gratitud, el respeto, el perdón, la benevolencia, la contemplación estética o bien, la envidia, los celos, el odio, la frustración, la venganza, entre otros. De ahí que para algunos autores, tanto las emociones básicas como las secundarias, se clasifiquen en dos grandes categorías: las positivas o constructivas que producen estados de bienestar, o las negativas o aflictivas que producen estados de malestar.

Para la psicóloga Imelda Parra (2017) “la emoción es una reacción compleja ante un estímulo externo (algo que veo u oigo) o interno (pensamiento o recuerdo)”. Impulsan hacia la acción, son más intensas y duran menos tiempo que los sentimientos. Los sentimientos por su parte, son la suma de una emoción más un pensamiento, por lo tanto, son experiencias subjetivas con una base emocional y se caracterizan por una mayor duración que las emociones. Pues estas últimas pueden durar aun cuando el estímulo externo ya paró.

El manejo inadecuado de las emociones se relaciona con el desarrollo de conductas agresivas, que causan daño físico o psicológico a sí mismo u otras personas (conductas discriminatorias, de exclusión…) y además, afectan de manera drástica la posibilidad de tener éxito en el ámbito escolar.

La psicóloga Cristina Salgado (2018) define las emociones como sensaciones que experimentan los seres humanos en las cuales la experiencia puede ser vivida como algo real o imaginario y que tiene una influencia amplia en la forma que vivimos. Desde la psicología educativa, América V. Huerta (2018) refiere que las emociones son reacciones corporales ante un suceso interior o exterior y que involucran la manera en la que vemos el mundo.

Para Denzin (2006) “una emoción es una experiencia corporal viva, veraz, situada, y transitoria que impregna el flujo de conciencia de una persona, que es percibida en el interior de y recorriendo el cuerpo, y que, durante el transcurso de su vivencia, sume a la persona y a sus acompañantes en una realidad nueva y transformada”-la realidad de un mundo constituido por la experiencia emocional.  A través de las emociones construimos una imagen parcial de la realidad, que asumimos como nuestra realidad.

Las emociones alteran la atención y la conducta, y activan las redes asociativas entre los actos de aprehensión y las representaciones mentales (le asocian significado a la información que recibimos del medio exterior) dicha activación guía la construcción de procesos de pensamiento y de uso de la memoria.

Los sentimientos son el resultado de las emociones. Los diversos estados emocionales son causados por la liberación de neurotransmisores (biomoléculas que permiten la transmisión de la información  desde una neurona  hacia otra neurona, una célula muscular o una glándula) u hormonas que convierten las emociones en sentimientos y en expresiones del lenguaje o del cuerpo.

Salovey y Mayer (1990) definen a la emoción como un conjunto de meta-habilidades que pueden ser aprendidas y estructuran el concepto en torno  cinco dimensiones básicas referidas al conocimiento de las propias emociones, a la capacidad de autocontrol, automotivación, reconocimiento de las emociones de los demás y al control de las relaciones.

La inteligencia emocional parece contribuir a aumentar la competencia social mediante la empatía y el control emocional, incrementando la sensación de eficiencia  en las acciones que se emprenden.

En la educación, el equilibrio emocional incrementa el aprendizaje, ya que la motivación como elemento significante del aprendizaje, tiene un carácter emocional. Cabe mencionar, el equilibrio emocional incrementa el aprendizaje, pero no así su ausencia (estados de ánimo bajo, depresión) o exceso (estados intensos, ira). En 1980, se prueba que “a  poca activación emocional hay poco aprendizaje, si la activación emocional se incrementa, se eleva el aprendizaje hasta un punto óptimo a partir del cual, si se sigue incrementando, el aprendizaje disminuye” (Ley de Yerkes-Dobson).

Para el matemático Edgardo Olmedo, las emociones están íntimamente relacionadas con el aprendizaje, lo pueden facilitar u obstruir; por ello es necesario, desarrollar en el aula situaciones didácticas en un ambiente de confianza, cooperación e inclusión  que favorezcan el aprendizaje  de los niños y jóvenes. Una estrategia útil es considerar lo que tiene significado, lo que los motiva  (aprendizaje significativo) y lo que está en su contexto (aprendizaje situado).

El desarrollo de las habilidades socioemocionales favorece el desarrollo académico; promueven relaciones armónicas entre compañeros y disminuye los problemas de conducta y acoso escolar, mejoran la participación ciudadana y el éxito laboral, contribuyen a la salud y al bienestar adoptando mejores estilos de vida saludable y favoreciendo la salud mental.

Jesús Castañeda Rivera

Febrero de 2020

*Fragmento de Castañeda, J. (2020). Educación emocional y habilidades sociales. CIEM.


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