LAS EMOCIONES Y EL APRENDIZAJE
La emoción
es un componente complejo de la psicología humana. Se conforma de elementos
fisiológicos que se expresan de forma instintiva y de aspectos cognitivos y socioculturales
conscientes e inconscientes, lo que implica que las emociones, especialmente
las secundarias (o los sentimientos), también son aprendidas y moduladas por el
entorno sociocultural y guardan una relación de pertinencia con el contexto en
el que se expresan. Su función principal es causar en nuestro organismo una
respuesta adaptativa, ya sea través de sensaciones de rechazo o huida, o bien
de acercamiento y aceptación. Las emociones se pueden clasificar en emociones
básicas de respuesta instintiva como la ira, la alegría, la tristeza, el miedo,
el asco o la sorpresa, y en emociones secundarias o sentimientos que conllevan
un componente cognitivo y cultural que complejiza su expresión y entendimiento
como por ejemplo la gratitud, el respeto, el perdón, la benevolencia, la
contemplación estética o bien, la envidia, los celos, el odio, la frustración,
la venganza, entre otros. De ahí que para algunos autores, tanto las emociones
básicas como las secundarias, se clasifiquen en dos grandes categorías: las positivas o constructivas que producen
estados de bienestar, o las negativas
o aflictivas que producen estados de malestar.
Para la psicóloga Imelda Parra (2017) “la emoción es una reacción compleja ante un
estímulo externo (algo que veo u oigo) o interno (pensamiento o recuerdo)”.
Impulsan hacia la acción, son más intensas y duran menos tiempo que los
sentimientos. Los sentimientos por su
parte, son la suma de una emoción más un pensamiento, por lo tanto, son
experiencias subjetivas con una base
emocional y se caracterizan por una mayor duración que las emociones. Pues
estas últimas pueden durar aun cuando el estímulo externo ya paró.
El manejo inadecuado de las emociones
se relaciona con el desarrollo de conductas agresivas, que causan daño físico o
psicológico a sí mismo u otras personas (conductas discriminatorias, de
exclusión…) y además, afectan de manera drástica la posibilidad de tener éxito
en el ámbito escolar.
La psicóloga Cristina Salgado (2018)
define las emociones como sensaciones que
experimentan los seres humanos en las cuales la experiencia puede ser vivida
como algo real o imaginario y que tiene una influencia amplia en la forma que
vivimos. Desde la psicología educativa, América V. Huerta (2018) refiere que
las emociones son reacciones corporales ante un suceso interior o exterior y
que involucran la manera en la que vemos el mundo.
Para Denzin (2006) “una emoción es una experiencia corporal
viva, veraz, situada, y transitoria que impregna el flujo de conciencia de una
persona, que es percibida en el interior de y recorriendo el cuerpo, y que,
durante el transcurso de su vivencia, sume a la persona y a sus acompañantes en
una realidad nueva y transformada”-la realidad de un mundo constituido por
la experiencia emocional. A través de
las emociones construimos una imagen parcial de la realidad, que asumimos como
nuestra realidad.
Las emociones alteran la atención y la
conducta, y activan las redes asociativas entre los actos de aprehensión y las
representaciones mentales (le asocian significado a la información que
recibimos del medio exterior) dicha activación guía la construcción de procesos
de pensamiento y de uso de la memoria.
Los sentimientos son el resultado de
las emociones. Los diversos estados emocionales son causados por la liberación
de neurotransmisores (biomoléculas que permiten la transmisión de la
información desde una neurona hacia otra neurona, una célula muscular o una
glándula) u hormonas que convierten las emociones en sentimientos y en
expresiones del lenguaje o del cuerpo.
Salovey y Mayer (1990) definen a la emoción como un conjunto de
meta-habilidades que pueden ser aprendidas y estructuran el concepto en
torno cinco dimensiones básicas
referidas al conocimiento de las propias emociones, a la capacidad de autocontrol,
automotivación, reconocimiento de las emociones de los demás y al control de
las relaciones.
La inteligencia emocional parece
contribuir a aumentar la competencia social mediante la empatía y el control
emocional, incrementando la sensación de eficiencia en las acciones que se emprenden.
En la educación, el equilibrio
emocional incrementa el aprendizaje, ya que la motivación como elemento
significante del aprendizaje, tiene un carácter emocional. Cabe mencionar, el
equilibrio emocional incrementa el aprendizaje, pero no así su ausencia
(estados de ánimo bajo, depresión) o exceso (estados intensos, ira). En 1980,
se prueba que “a poca activación emocional hay poco
aprendizaje, si la activación emocional se incrementa, se eleva el aprendizaje
hasta un punto óptimo a partir del cual, si se sigue incrementando, el
aprendizaje disminuye” (Ley de
Yerkes-Dobson).
Para el matemático Edgardo Olmedo, las
emociones están íntimamente relacionadas con el aprendizaje, lo pueden
facilitar u obstruir; por ello es necesario, desarrollar en el aula situaciones
didácticas en un ambiente de confianza, cooperación e inclusión que favorezcan el aprendizaje de los niños y jóvenes. Una estrategia útil
es considerar lo que tiene significado, lo que los motiva (aprendizaje significativo) y lo que está en
su contexto (aprendizaje situado).
El desarrollo de las habilidades
socioemocionales favorece el desarrollo académico; promueven relaciones
armónicas entre compañeros y disminuye los problemas de conducta y acoso
escolar, mejoran la participación ciudadana y el éxito laboral, contribuyen a
la salud y al bienestar adoptando mejores estilos de vida saludable y
favoreciendo la salud mental.
Jesús Castañeda Rivera
Febrero de 2020
*Fragmento de Castañeda, J. (2020). Educación emocional y habilidades sociales. CIEM.
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